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Música Clásica y ópera de Classissima

Lang Lang

miércoles 10 de febrero de 2016


camino de musica

12 de enero

Ravel: Concierto para piano (David Fray)

camino de musicaRavel: Concierto para piano (David Fray) RAVEL. CONCIERTO PARA PIANO EN SOL MAYOR (DAVID FRAY) El Concierto para piano y orquesta en sol mayor fue compuesto por el compositor francés Maurice Ravel entre 1929 y 1931 y contemporaneamente al Concierto para la mano izquierda. La obra tiene tres movimientos: I. Allegramente II. Adagio assai III. Presto David Fray al piano junto a la Orquesta de Paris, dirigida por Esa-Pekka Salonen, nos ofrecen una versión de este Concierto para piano de Maurice Ravel. Grabación efectuada en la Sala Pleyel de París en 2011. Puede encontrar más posts relacionados con Ravel: Concierto para piano (David Fray)Read More → Maurice Ravel David Fray – Concierto para Piano nº 22 (Mozart) Prokofiev – Volodin: Concierto para piano nº 4 Prokofiev – Babayan: Concierto para piano nº 5 Maurice Ravel – Martha Argerich y Lang Lang

Ya nos queda un día menos

3 de enero

Lang Lang en Versalles: heterodoxia y ortodoxia

Con una filmación de Andy Sommer aún más mareante de lo que en él es habitual, lo que en parte se justifica por el deseo de mostrar la fastuosa decoración de la Galería de los espejos, Sony Classical edita este Blu-ray titulado Lang Lang en Versalles que recoge una actuación del pianista chino –22 de junio de 2015, poco después de grabar el mismo programa en disco- pensada casi con exclusividad, pues el público es muy escaso, de cara a su edición comercial. Chopin y Tchaikovsky en el programa: los cuatro Scherzi del polaco y Las estaciones del ruso. De los Scherzi chopionanos ofrece Lang Lang versiones radicales, extremas, y por ende muy discutibles, que hacen uso de tempi muy rápidos –sin caer en lo mecánico: la riqueza de matices es abrumadora– y un fraseo incisivo, escarpado, lleno de nervio y con marcados claroscuros, para enfatizar los aspectos más encendidos, demoníacos y visionarios de estas piezas. Hay también lugar para el vuelo lírico –sin terminar de profundizar en el cálido humanismo chopiniano–, para la chispa y hasta para cierta galantería bien entendida –sobre todo en el Cuarto–, pero la tensión dramática y el frenesí terminan triunfando junto con, y eso no es noticia en Lang Lang, una exhibición de virtuosismo en grado superlativo. Si en Chopin ofrece Lang Lang su faceta más heterodoxa, en Tchaikovsky imparte una lección de pura ortodoxia tchaikovskiana, desplegando cantabilidad, ensoñación poética y humanismo a manos llenas pero sin caer en lo blando ni en lo excesivamente delicado, sabiendo ofrecer también ricos contrastes expresivos –chispa, frescura, teatralidad, hondura– y notable garra dramática. Todo ello lo consigue, claro está, haciendo gala de un sonido moldeado con las más sutiles inflexiones, un fraseo flexible e imaginativo a más no poder y una concentración absoluta, particularmente en la célebre melodía de Junio –la usó Jean-Jacques Annaud en su película El oso– y en la recogida poesía de Octubre. Imagen espléndida y magnifico sonido con surround auténtico bien recogido por los canales traseros. Un Blu-ray a tener.




Ya nos queda un día menos

25 de noviembre

Concierto para piano de Grieg: discografía comparada

Grieg escribió su hermosísimo Concierto para piano en 1868. Única obra concertante del autor, y éxito absoluto. Hoy son centenares las grabaciones del mismo, generalmente acoplado con el que fue su modelo, obviamente el de Schumann. Precisamente escorarse en exceso hacia el universo de este último compositor es uno de los riesgos que conlleva esta partitura nada fácil de interpretar. Tanto que, siendo muchos los grandísimos pianistas que han acercado a ella, quizá solo uno de ellos haya hecho plena justicia a la pieza: Claudio Arrau. Pero hay otros registros nada desdeñables, claro está. Ni que decir tiene que lo que aparece a continuación no es más que un conjunto de notas tomadas a vuelapluma a partir de un puñado de interpretaciones, y que aunque se ha intentado que estén todas las grabaciones más divulgadas de la partitura, son muchas más las que se quedan fuera. Me hubiera gustado comentar la de Arrau y Galliera, que no he conseguido, así como la filmación de Gilels con Colin Davis, que me gustó muchísimo en su momento pero no he podido repasar (la tienen ustedes en YouTube). Tampoco intento hacer una tesis doctoral ni una guía discográfica: tomen las líneas siguiente como un mero divertimento que les puede ayudar a contrastar ideas. Son sus movimientos: Allegro molto moderato (A minor) Adagio (D-flat major) Allegro moderato molto e marcato - Quasi presto - Andante maestoso 1. Curzon. Fjeldstad/Sinfónica de Londres (Decca, 1959). La dirección del maestro noruego guarda mucho interés por apartarse completamente de la tentación schumanniana y hacer sonar la obra enteramente a Grieg, es decir, con una sanísima rusticidad y aspereza bien entendida, además de con fuerza y garra dramática, aunque también es cierto que no le saca todo el partido posible a la vertiente lírica de la página. Tampoco lo hace el pianista londinense, que parece confundir poesía con delicadeza excesivamente coqueta, pero por fortuna ofrece, además de virtuosismo más que suficiente, una buena dosis de fuego, empuje y tensión admirablemente controladas. La toma sonora ha ganado de manera considerable tras la remasterización japonesa a 96Khz/24bit, por desgracia disponible en Europa solo recurriendo a triquiñuelas. (8)     2. Arrau. Dohnányi/Concertgebouw (Philips, 1963). A sus sesenta y un años, el maestro chileno alcanza la absoluta madurez en la comprensión de este concierto profundizando de manera asombrosa en cada una de sus líneas melódicas, fraseadas con pulsación riquísima e infinita poesía, siempre desde un enfoque antes lírico y meditativo que escarpado pero sin quedarse, ni mucho menos, en lo meramente evocador o ensoñado, sino sabiendo aportar tensión interna, arrebato controlado y, sobre todo, un marcado sentido de lo doliente y lo amargo que sin duda es necesario extraer de los pentagramas para hacerles plena justicia. Dohnányi acompaña haciendo que la fabulosa orquesta suena verdaderamente a Grieg, esto es, con una rusticidad bien entendida, disecciona de modo admirable el entramado polifónico, hace uso de tempi muy holgados que permiten a Arrau explayarse con toda la minuciosidad posible y sintoniza plenamente con éste a la hora de entender la obra con un muy adecuado sentido dramático, alcanzando unos picos de tensión muy poderosos hasta concluir en un final lleno de grandeza trágica. Lástima que la grabación, ni siquiera en la nueva remasterización realizada para Eloquence, no sea la mejor posible. (10)     3. Anda. Kubelik/Filarmónica de Berlín (DG, 1963). El maestro checo hace gala de su inconfundible personalidad: elegancia, naturalidad, frescura, fluidez y una admirable inmediatez expresiva, pero también una ligereza que esta vez no se agradece sino que se encuentra fuera de tiesto, porque la levedad con que hace sonar a nada menos que a la Filarmónica de Berlín se acerca antes al universo de Schumann –en el que Kubelik dejó tan importantes lecciones sinfónicas– que a la rusticidad y el sentido de lo escarpado que exige Grieg. A Géza Anda le ocurre algo parecido: frasea sin rigidez y se muestra con ganas de hacer música de verdad, pero su sensibilidad resulta bastante superficial, entendiendo la partitura desde la ensoñación y el decorativismo más o menos paisajista, no desde la intensidad emocional. En este sentido, los movimientos extremos carecen de verdadera garra y el segundo le suena antes delicado e incluso coqueto que emotivo, lo que resulta un verdadero error. (7) 4. Kovacevich. Colin Davis/Sinfónica de la BBC (Philips, 1971). El enorme prestigio de esta interpretación no parece hoy del todo justificado. El joven Stephen Kovacevich toca muy bien, se muestra apasionado y sabe extraer un sonido muy poderoso del registro grave de su instrumento, pero su visión de la obra resulta un tanto impersonal, parca en matices y carente de la poesía de altos vuelos que demanda. Colin Davis dirige de manera extrovertida y vibrante, con garra y con energía además de –eso por descontado- un perfecto manejo de los medios a su disposición, mas se muestra tan superficial como su colega tanto a la hora de analizar la escritura orquestal como a la de hacer que ésta explique el trasfondo emotivo de la obra. Lectura tan vistosa como falta de sustancia, pues. Tampoco está especialmente bien grabada. (7) 5. Lupu. Previn/Sinfónica de Londres (Decca, 1973). Notabilísima toma de sonido para esta interpretación sincera, intensa y con mucha garra, objetiva en el mejor de los sentidos, amén de perfecta en lo estilístico –suena a Grieg, no a Schumann–, en la que Previn demuestra un extraordinario manejo de la orquesta y Lupu un virtuosismo verdaderamente portentoso al teclado sin que ninguno deje de atender a las diferentes facetas expresivas de la obra, aunque se inclinen un poco más por la extroversión que por el aliento humanístico. Eso sí, ni el primero alcanza la fuerza poderosa de Dohnányi ni la belleza suprema de Colin Davis (el Colin Davis posterior, no el de la grabación con Kovacevich), ni el segundo la inspiración poética suprema de un Arrau o la fuerza dramática de un Gilels. Incluso a veces, pese a la riqueza de su pulsación, el pianista rumano se encuentra tan volcado en la brillantez que parece dejarse cosas en el tintero. Espléndida interpretación, en cualquier caso, a la que colabora en buena medida una Sinfónica de Londres en perfecta forma. (9) 6. Richter. Von Matacic/Orquesta de la Ópera Nacional de Montecarlo (EMI, 1974). Un comienzo poderoso y decidido que da paso a unas frases líricas muy bien paladeadas parecen anunciarnos una interpretación de altura, pero en cuanto llegan los pasajes virtuosísticos el aficionado se llega la desagradable sorpresa de encontrarse ante un Richter que sí, que entiende la obra desde el carácter escarpado y un tanto demoníaco que en él era esperable, pero que sucumbe casi por completo al mero virtuosismo sin emoción y se muestra incapaz de desplegar la sensualidad, la cantabilidad y la poesía humanística que anida en los pentagramas. Solo determinados momentos –pasajes agrestes al final del primer movimiento, sección lírica en el tercero– el ruso ofrece indicios de lo enorme pianista que es, pero aun así el conjunto no funciona. Tampoco termina de convencer la dirección tan enérgica como contundente de un Von Matacic de trazo más bien grueso, aunque al menos intenta implicarse en la partitura. Muy buen sonido en SACD. (6)     7. Arrau. Colin Davis/Boston (Philips, 1980). Han pasado solo nueve años desde su grabación con Kovacevich, pero aquí Sir Colin parece otro director completamente distinto, lo que puede en parte deberse a su propia evolución artística como a la circunstancia de tener a su lado a alguien como Arrau. No es solo que el maestro británico se tome mucho más tiempo (32’55’’, frente a los 29’22’’ de antes) para paladear las melodías con la holgura y la cantabilidad que estas demandan, sino que además se ha ganado mucho en claridad, en refinamiento, en elegancia y en nobleza, aun perdiendo en contrapartida la garra y la inmediatez de antaño. En este sentido, esta interpretación bostoniana es mayormente lírica y contemplativa, y por eso mismo se puede echar de menos, en lo que al podio se refiere, el perfecto equilibrio entre poesía y garra dramática de la dirección de Dohnányi. Obviamente Arrau vuelve a estar tan sublime como con el maestro alemán haciendo gala de una pulsación de infinitos matices –ahora aún más ricos que antes– y de una concentración incomparable, aunque aquí escorándose más claramente hacia los aspectos contemplativos de la obra. Interpretación complementaria de la anterior, pues. La orquesta norteamericana, que derrocha belleza sonora y musicalidad a raudales, se encuentra recogida de manera absolutamente extraordinaria por los ingenieros de Philips, sello que tiene la desvergüenza de mantener esta grabación fuera de su catálogo desde hace años. (10)   8. Zimerman. Karajan/Berlín (DG, 1981). Veinticuatro años tenía el pianista polaco cuando realizó este registro junto al anciano Karajan, deslumbrando al mundo musical con la que sin duda era hasta entonces, y quizá siga siendo aún, una de las interpretaciones mejor tocadas desde el punto de vista meramente técnico de todas. Resulta imposible no rendirse de asombro ante la absoluta limpieza digital de Zimerman, la asombrosa maleabilidad de su sonido –desde el fortísimo más atronador hasta las más delicadas veladuras–, la riqueza de su colorido y la capacidad para construir tensiones y distensiones con absoluta naturalidad, fraseando con la más honda concentración los pasajes líricos y alcanzando los picos dramáticos sin necesidad de forzar nada. Expresivamente, además, hizo gala de una asombrosa madurez expresiva desplegando poesía de muy altos vuelos, aunque aquí sí es cierto que no alcanza la garra dramática de un Gilels ni la genialidad creativa –llena de hondura humanística– de un Claudio Arrau. Karajan derrocha belleza sonora, fluidez, elocuencia y comunicatividad a manos llenas, pero a veces, como no podía ser menos, se le va la mano en levedad –la maravillosa melodía de los violonchelos en el primer movimiento– y en opulencia –el final–, resultando su aproximación más brillante que sincera. Admirable, en cualquier caso. (10)     9. Gilels. Berglund/Sinfónica de la Radio de Finlandia (DVD Triton, 1983). El pianismo rocoso, severo y lleno de fuerza del gigantesco pianista ruso, siempre mucho más que un enorme virtuoso (claridad impecable, sonido poderosísimo), resulta ideal para una partitura como esta, que en sus manos suena particularmente amarga y encrespada pero no por ello carece precisamente, sino todo lo contrario, de hondo y muy concentrado vuelo poético. Pueden echarse de menos, desde luego, la sensualidad y la emotividad más directa y digamos “humanista” de un Arrau, pero el impacto de la interpretación de Gilels no es menor. Espléndida la dirección de Berglund, y muy en sintonía con el solista: concentradísimo en los pasajes líricos, denso y escarpado en los dramáticos, y de muy adecuada rusticidad en lo sonoro. De propina se repite todo el segundo movimiento, maravillosamente paladeado (arriba tienen el vídeo). Lástima que la toma sonora sea monofónica y se lea lastrada por una fuerte compresión; la realización televisiva, sin embargo, es bastante digna. (10)     10. Perahia. Colin Davis/Radio Bávara (Sony, 1988). De sonido de transparente belleza y fraseo ligero en el buen sentido, aunque no siempre todo lo matizado que pudiera, Murray Perahia encuentra una absoluta sintonía con la batuta de un Colin Davis menos lento y no tan profundo como con Arrau, pero no menos lírico, noble y elegante, para ofrecer la interpretación apolínea por antonomasia, equilibrada pero no superficial, bastante schumanniana en su concepto, aunque no por ello ajena al drama: a destacar cómo en el Adagio la batuta hace cantar a la cuerda con especial amargor y el piano sabe ir construyendo tensiones para alcanzar un muy doliente clímax dramático. El tercer movimiento arranca con cierta machaconería por parte de los dos artistas, más nerviosos de la cuenta, pero por fortuna en la sección lírica central se van centrando y al final ofrecen una coda electrizante, redondeando así una interpretación de considerable altura. (9)     11. Leif Ove Andsnes. Jansons/Filarmónica de Berlín (EMI, 2002). Parece mentira que un pianista tan dotado como el noruego se limite a interpretar esta obra como un mero ejercicio de virtuosismo aséptico y sin sentido. Por descontado que toca que manera espectacular y que tiene detalles bonitos, pero solo en la maravillosa sección lírica incrustada en el tercer movimiento da muestras de auténtica sensibilidad. A partir de ahí vuelven los fuegos artificiales y la cosa se pone incluso peor, porque el señor Mariss Jansons, que hasta ese momento se había limitado a acompañar de manera lineal e incluso aburrida, se vuelve machacón y vulgar hasta decir basta. La Filarmónica de Berlín, un lujo por completo desaprovechado. (6)      12. Kissin. Rattle/Filarmónica de Berlín (Blu-ray Euroarts, 2011). Ha habido que esperar muchos años para escuchar al pianista ruso interpretando esta pieza clave de la literatura concertística, y lo cierto es que cuando llega la ocasión –velada de San Silvestre de 2011– las expectativas no terminan de verse satisfechas. Por descontado que su técnica es descomunal y que la obra está tocada de manera irreprochable, pero desde el punto de vista expresivo, pese a la pasión admirablemente controlada de que hace gala y de una musicalidad a prueba de bombas –no hay lugar para preciosismos ni para carreritas de cara a la galería–, Kissin no termina de destilar la poesía de un Arrau, un Gilels e incluso un Zimerman: falta una dosis algo mayor de imaginación y compromiso, aunque por descontado el nivel expresivo sea siempre alto. Rattle dirige un tanto en la línea de Karajan, con brillantez, opulencia y apreciable comunicatividad, pero con tendencia a la dulzonería en algunas frases y, por descontado, con excesivas ganas de exhibir el poderío de la fabulosa orquesta. No termina de resultar sincero, a decir verdad, y ni siquiera le termina de sonar a Grieg, aunque termina triunfando con un tercer movimiento lleno de garra y fuerza expresiva. La calidad de imagen es muy buena, pero la toma sonora no termina de ser, ni siquiera en Blu-ray, todo lo extraordinaria que podía haber sido. (8)      13. Perianes. Oramo/Sinfónica de la BBC (Harmonia Mundi, 2014). Las virtudes del pianista onubense son bien conocidas, y como era de esperar éstas le hacen rozar el cielo en el bellísimo Adagio: concentración absoluta, cantabilidad excelsa, belleza sonora extrema y poesía de altos vuelos son sus señas de identidad. Ahora bien, lo interesante es que en los movimientos extremos Perianes sabe evitar la tentación del virtuosismo vacuo y frasea con naturalidad, matiza de manera sensible y diferencia estados de ánimo sin que se pierdan el empuje, la brillantez y la garra aquí imprescindibles. Hay mucho fuego en su recreación, sí, pero fuego admirablemente controlado y acompañado de una apreciable elegancia; impresiona por su sinceridad, pero también por la rotundidad de su sonido, la cadenza del primer movimiento, así como la fuerza expresiva que imprime al final. El maestro finlandés, si bien no muy personal ni especialmente inspirado, dirige con calidez, entusiasmo e irreprochable gusto, haciendo que la orquesta (¡magnífica!) respire con holgura, evitando dulzonerías –quizá en exceso: las sublimes frases de los chelos en el primer movimiento podría estar más aprovechadas– y sin caer en la ampulosidad en un final que, no obstante, yo hubiera preferido que sonara con mayor fuerza trágica. Por otra parte, acierta al no confundir este concierto con el de Schumann y aporta un grado de rusticidad muy conveniente, redondeando así una interpretación de categoría. La toma sonora es formidable, todavía más si se la escucha en HD Audio. (9)   14. Buchbinder. Mehta/Filarmónica de Viena (Sony, Schönbrunn 2015). Nunca ha sido el pianista austríaco un artista especialmente imaginativo e inspirado, más bien lo contrario, pero lo cierto es que en este concierto veraniego en Schönbrunn se muestra al menos solvente e implicado en la música. Su sonido, por otra parte, resulta poderoso y adecuado, y su fraseo, no siempre del todo ágil, logra no caer en mecanicismos ni en carreras de cara a la galería. Lo más logrado de la interpretación de Buchbinder es el tercer movimiento, quizá porque aquí Mehta, que había comenzado la obra un tanto apresurado y alicorto de aliento poético, es donde se encuentra más cómodo desplegando empuje dramático y una rusticidad bien entendida que le sienta muy bien a la obra. Por descontado, fenomenal la orquesta y sus primeros atriles. Muy buen sonido en HD, existiendo asimismo un Blu-ray que suponemos mejorará aún más la toma sonora. (7)   15. Lang Lang. Rattle/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2015). Ante la multitudinaria audiencia del Waldbühne, el pianista chino realiza una exhibición técnica –no solo digital, sino de dominio de toda la panoplia de recursos pianísticos– verdaderamente descomunal, hasta el punto de que es dudoso que nunca nadie haya tocado mejor este concierto. Ahora bien, frente a una gran cantidad de frases dichas de manera irreprochable y a un buen número de hallazgos geniales, hay momentos en los que Lang Lang, brillantísimo, vehemente en grado sumo y comunicativo a más no poder –tremenda la cadenza del primer movimiento–, sucumbe a la tentación del virtuosismo y se echa a correr sin paladear la música, con lo que se pierde la unidad del trazo y se termina echando en falta unidad de criterio, incluso una idea expresiva global más clara de la partitura. Se podría decir que la poesía de la que hace gala el artista –hermosísimo segundo movimiento, de enorme vuelo el pasaje lírico en el tercero– resulta por momentos más cercana a Chopin que a Grieg. Por su parte, Rattle realiza una labor de gran belleza e inmediatez, dicha con trazo fino y magníficamente controlada, aunque como ya le ocurriera con Kissin, en alguna frase tienda a la blandura y, en general, se eche de menos un mayor idioma. La filmación se pudo ver en su momento en la Digital Concert Hall; ahora ha desaparecido y parece que no se incluye en la edición comercial del concierto completo, dedicado a la música de cine. Cosas del señor Lang Lang, supongo. (9)



Pablo, la música en Siana

5 de octubre

Cine mudo pero con música

Sábado 3 de octubre, 12:00 horas. Fundación Juan March, Madrid: Conciertos del Sábado, Ciclo "Clásicos del cine". Improvisar para películas mudas, Javier Pérez de Azpeitia (piano). Entrada gratuita. La oferta cultural de la Fundación Juan March es encomiable y la música tiene un lugar especial en ella. Durante el mes de octubre se programa un ciclo interesantísimo y personalmente me llamaba la atención acudir a este primer concierto por mi breve relación con el tema. 1982 además del Mundial de Fútbol que tuvo sedes en Gijón y Oviedo también fue año del centenario del cine y además de un Mundial Cultural, un incondicional del séptimo arte como Isaac del Rivero tuvo la idea de hacer un ciclo de películas mudas con acompañamiento al piano en vivo en el salón de actos de la Feria de Muestras, donde tuve la suerte de participar alternando proyecciones con mi recordado Antolín de la Fuente, básicamente películas cómicas de La Pandilla, Keaton, Lloyd o el genial Charlot, pero también La salida de los obreros de la fábrica (Lumière), La casa encantada (Segundo de Chomón) como homenaje al cine español e incluso El gabinete del Doctor Caligari (Wiene), alternando cortos y largometrajes. Mi experiencia fue increíble y sin visionados previos, pero sirvió para que años después pudiese poner música en directo a La aldea maldita de Florián Rey con el maestro Luis Miguel Ruiz de la Peña al violín en el Ateneo Jovellanos, ya preparando motivos y temas específicos adaptados al trascurrir de la acción. Como mierense repetí en el Teatro Jovellanos invitado por el director de la Filmoteca de Asturias Juan Bonifacio Lorenzo Benavente, Boni para todos, en la proyección y recuperación de la película Mieres del Camino (Juan Díaz Quesada), un acontecimiento que aún recuerdo. Mis únicas referencias eran las "bandas sonoras" añadidas en las proyecciones, muchas con órgano, alguna actualizada como Berlín, sinfonía de una gran ciudad con música de Pegasus, y algunas con orquesta original como Alexander Nevski o Iván el terrible (Eisenstein) con música de Prokofiev, Nosferatu (Murnau) o Metropolis (Lang) incluyendo la "revisión" de Giorgio Moroder, que a lo largo del tiempo he podido revivir como espectador. El pianista y profesor Javier Pérez de Azpeitia no solo puso la música en vivo a cuatro películas que pudimos disfrutar en pantalla grande sino que también disertó sobre el papel de la improvisación, con todo lo que ello supone, así como la subjetividad, y hasta la forma de trabajar sobre las músicas, algo de agradecer en un mundo recuperado pero no lo suficientemente difundido, por lo que este concierto era impresindible para mi. La casa encantada (1907) de Chomón, además de una joya de efectos especiales para su época, fue la primera en desgranarse al piano por parte del maestro y hasta de pormenorizar su explicación posterior. Los guiños del piano en perfecta sincronía con la imagen, los motivos tétricos y hasta cómicos por momentos fueron la perfecta banda sonora. El arranque de Tartüff (1925) de Murnau supuso todo un paso adelante en dificultad y extensión, música específica, original de Giuseppe Becce, y muy trabajada en sonoridades y expresión para una película adaptada o de inspiración teatral, como tantas de su época y que aún continúa pasando casi cien años después. El toque satírico más que de humor lo puso La princesa de las ostras (1919) de Lubitsch, la música al piano del intérprete vasco el resto, perfecto, acertado en la elección de cada fragmento, variaciones sobre la Marcha Nupcial de Mendelssohn en el mejor estilo improvisatorio (y muy estudiado) y cada situación de la narrativa visual al detalle musical de ritmo infatigable como el propio fox-trot del baile nupcial. El regusto global es premio para el tándem cine-música que siempre han permanecido unidos y algunos compositores se atrevieron a ponerle música propia. Interesante también la moda de películas inspiradas en zarzuelas, verdaderos éxitos del momento, como Curro Vargas (1923) de José Buchs donde no podían faltar motivos originales de la partitura de Chapí adaptados como el propio discurso cinematográfico, los aires de farruca o la recordada melodía "Soledad mía" del protagonista asociada a cada aparición pero sutilmente moldeada por Pérez de Azpeitia. Con un piano no puede sacarse más partido a una película donde el referente original es eso, recreado para la proyección. Todo un clásico "de miedo" para finalizar como el Nosferatu (1922) de Murnau, cercano a las composiciones actuales como la de Sánchez Verdú sin perder la idea espacio-temporal de la época y el argumento, con la propia limitación de un instrumento que engrandece la proyección. Bravo por esta banda sonora (Hermann) en directo, única e irrepetible que se podrá volver a escuchar hasta el 4 de noviembre en los audios que la propia fundación coloca en su web, música pura desgajada de las imágenes para la que sonó pero igualmente bellas.

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